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El efecto saturación del “No es X, es Y”
David Leal Olivares
Director Ejecutivo ONG Innovacien
En nuestros días, los servicios basados en inteligencia artificial generativa han democratizado el acceso a la palabra, pero también nos han acostumbrado a ciertos giros que, en exceso, empiezan a cansar. Uno de los más notorios es la famosa fórmula: “No es X, es Y”.
Algunos ejemplos de esto: “No estamos solo vendiendo un producto, estamos creando una experiencia”. “No es un curso cualquiera, es una transformación de vida”. O, incluso: “No es inteligencia artificial, es inteligencia aumentada”. A primera vista, suenan potentes, casi reveladoras. Pero después de leerla por décima vez en un mismo scroll de LinkedIn, el efecto cambia: la frescura se convierte en cliché; la sofisticación en desgaste.
¿Por qué ocurre esto? En parte porque la IA, al entrenarse con millones de textos, aprende a reconocer qué estructuras son efectivas y a replicarlas. El contraste “negación más revelación” es un recurso elegante, fácil de digerir, con apariencia de profundidad. Pero cuando todos lo usamos, dejamos de distinguirnos: lo que antes parecía un hallazgo retórico se convierte en ruido de fondo.
El problema no es la fórmula en sí, sino el abuso. Al repetirla hasta el cansancio, perdemos lo que buscamos ganar: impacto. Y lo que queda en el lector no es inspiración, sino una sensación de que alguien más escribió con piloto automático.
Entonces, ¿qué hacer? Una salida posible es volver a lo básico: contar historias, usar ejemplos concretos, arriesgarse con un lenguaje más personal y menos enlatado. Preguntarnos antes de publicar: ¿estoy aportando algo fresco o solo repitiendo un molde? La escritura sigue siendo, pese a todo, un espacio humano donde la voz propia vale más que la imitación perfecta.
Al final, quizás la paradoja sea esta: no se trata de escribir “como IA” ni tampoco de obsesionarse por evitarlo. Se trata de escribir como quien realmente tiene algo que decir. Porque no es cuestión de fórmulas: es cuestión de voz.