Blog ·

El riesgo de no enseñar IA no es la ignorancia, es la exclusión

David Leal Olivares
Director Ejecutivo ONG Innovacien

La inteligencia artificial (IA) ya está entre nosotros. No como una tecnología futura, sino como una realidad cotidiana que guía búsquedas, personaliza contenidos, responde preguntas y, cada vez más, toma decisiones que nos afectan. Sin embargo, mientras en la sociedad crece el uso de IA generativa como ChatGPT o Gemini, muchas escuelas todavía no saben cómo enfrentarla, o incluso si deberían. Y ahí está el verdadero riesgo: no enseñar IA en el sistema escolar no solo genera ignorancia. Genera exclusión.

La alfabetización en IA ya no es una opción complementaria: es parte del derecho a la educación. Porque quien no comprende cómo funcionan los algoritmos, cómo se entrenan los modelos, qué sesgos pueden contener o cómo decidir cuándo usarlos, queda fuera de los beneficios, pero no de los impactos. Hoy más que nunca, entender IA es una forma de contar con una ciudadanía digital crítica.

Chile ha dado señales valiosas en esta dirección. El Ministerio de Educación, junto a la UNESCO, lanzó recientemente el Marco Orientador de Competencias Digitales Docentes, que reconoce la necesidad de integrar tecnologías como la IA en la práctica pedagógica. Iniciativas como PotencIA el Aprendizaje promueven una mirada ética y reflexiva sobre la IA generativa en contextos escolares.

Sin embargo, aunque estas guías y marcos van en la dirección correcta y reflejan un esfuerzo serio del Estado por actualizar la educación digital, aún no forman parte del currículum escolar obligatorio ni del centro de la conversación pública. Su implementación depende en muchos casos de la voluntad local, de recursos institucionales y del compromiso docente. Llama la atención que un tema tan crucial para el futuro formativo y laboral de las nuevas generaciones no esté aún en la primera línea del debate social o educativo más amplio, e incluso permanezca ausente en discusiones políticas de alto nivel, como las presidenciales. Tal vez porque aún pensamos en la IA como una herramienta tecnológica, cuando en realidad ya es un factor estructural en la construcción de oportunidades.

Hoy en día ver a estudiantes de educación básica cuestionar los resultados de un modelo no es un truco tecnológico: es formación en pensamiento crítico. Es enseñar los fundamentos de la IA —cómo aprende una máquina, qué significa entrenarla, cuándo falla y por qué— para que cuando enfrenten un modelo más complejo, como un LLM (modelo de lenguaje), no lo vean como una verdad automática, sino como una herramienta construida, que también puede equivocarse, excluir o amplificar sesgos.

Por eso es clave que no nos perdamos en el hype. La fascinación por la IA generativa no puede reemplazar la enseñanza de sus fundamentos. Porque operar una herramienta no es lo mismo que comprenderla. Y sin comprensión, no hay juicio profesional, no hay ciudadanía informada, no hay autonomía.

El nuevo marco digital docente reconoce estos caminos. Pero no basta con marcos. Hace falta voluntad política, formación inicial y continua docente, recursos y, sobre todo, la convicción de que enseñar IA es parte del mandato ético de la escuela. Porque si el siglo XX nos enseñó que la alfabetización textual era una vía de inclusión, hoy sabemos que la alfabetización algorítmica es la nueva frontera de la justicia educativa.

No enseñar IA no evitará que niñas y niños la usen. Solo evitará que puedan comprenderla, cuestionarla y mejorarla. Y eso ya no es un riesgo pedagógico: es un riesgo democrático.