Juan Pablo Montecino

ONG Innovacien

 

Hace más o menos 20 años algunas carreras universitarias ya enseñaban y evaluaban cómo crear una página web en HTML, incluso algunas disciplinas humanistas, como Pedagogía en Filosofía, lo hacían.

Lo que en ese entonces los alumnos no entendían era porque un profesor de un área diferente a la tecnología debía saber cómo crear una página web, lo que se justificaba por la necesidad de dar una respuesta a herramientas que llegaron para quedarse y que se volverían indispensables.

Hoy en día se sigue escuchando en las aulas universitarias y de colegios sobre la utilidad de algunas tecnologías que se enseñan en las salas de clases.

Hace años cuando el idioma inglés comenzó a impartirse en prácticamente todos los colegios como una segunda lengua, fueron necesarias una serie de reacciones por parte de los sistemas educativos de los diferentes países. Actualmente se busca replicar lo mismo con otro idioma universal: el de la tecnología.

Hoy no basta saber cómo utilizar la tecnología y las herramientas digitales, hay que saber también cómo funcionan.

Afortunadamente en la actualidad existe dentro de nuestro sistema escolar y en los objetivos específicos de algunas asignaturas, principalmente en tecnología, una serie de contenidos enfocados a ciertas herramientas digitales, que efectivamente nos prestan una función respecto a nuestro quehacer diario.

Pese a esto, la formación sigue siendo deficiente, realidad que constatamos no sólo el pasado 2020 en nuestros alumnos, sino que también en nuestro cuerpo docente, tanto en cuanto a manejo como a metodología de enseñanza.

Y esta realidad no es más que un efecto de la falta de políticas educacionales que agreguen herramientas digitales efectivas a nuestro currículum, tanto en enseñanza básica como en enseñanza media. Lo que ya era una verdadera urgencia para el año 2010, hoy es otra debilidad y ausencia en nuestro sistema escolar.

Es común oír acerca de países del oriente como Japón o Corea que han logrado un desarrollo envidiable gracias a su postura y formación en relación a herramientas tecnológicas. Japón, por ejemplo, tomó la decisión en el 2018 de integrar contenidos de programación y codificación para el año 2020 en la escuela tanto primaria como secundaria, con el fin de estimular el pensamiento lógico matemático y fortalecer el futuro capital humano. En el año 2018 declaró un PIB per cápita de USD 39,289.96,  muy diferente de los USD 15,923.36 correspondientes a nuestro país.  Esta situación se repite en varios países de la Unión Europea, que cuentan con inversiones tanto en ciencias como tecnología, mucho más altas que las de países como el nuestro.

Los conocimientos acerca de las diferentes herramientas digitales han sido subestimados por nuestro sistema escolar, y dejados como responsabilidad tanto del usuario cómo de las instituciones de educación superior, lo cual ya es una desventaja con respecto a otros países y nos deja vulnerables tanto frente al mundo digital como frente a una eventual competencia en los diferentes ámbitos, con o sin pandemia, siendo esta una materia más en la cual como país seguimos reprobando.

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